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De la Conciencia a la Acción

Este es el tercer post de una serie de tres partes sobre mi camino personal desde el autodescubrimiento hasta la acción. Cada publicación aborda un aspecto esencial de este viaje transformador. No te lo pierdas. #AutoDescubrimiento #Aceptación #Acción

 

He experimentado un cambio profundo en la última década, un viaje de introspección y crecimiento, impulsado por el autodescubrimiento. 


En el camino descubrí cómo la conciencia da forma a la realidad; tomando conciencia de nuestros pensamientos y comportamientos podemos cambiarlos, creando así una vida alineada con nuestros valores y aspiraciones. Sin embargo, la conciencia por sí sola no es suficiente, debe ir acompañada de la acción. Como, por ejemplo, dar pasos intencionales hacia el autoconocimiento a través de la meditación, la escritura, el yoga, el contacto con la naturaleza y la terapia psicológica y emocional.


Otro aspecto esencial de este trayecto ha sido aprender a enfocarme en el aquí y ahora, liberarme de la ansiedad por el futuro y el arrepentimiento del pasado, abriendo espacio para el disfrute del presente. El viaje desde la conciencia hasta la acción es un proceso infinito, donde nos entregamos a la transformación con compasión y resiliencia.


Conciencia Plena

La búsqueda de la conciencia plena (Mindfulness y Awareness) fue un tema que definió mi década. Activar esta conciencia plena no fue tarea fácil. Leí mucha literatura de autoayuda, participé en terapias de salud mental, sintonicé pódcast de bienestar y me comprometí con la meditación diaria. Me animé a leerme el tarot, hice ejercicios de visualización, e incluso incursioné en el budismo zen y el chamanismo. Impulsada por la curiosidad, la disciplina y la exploración, experimenté con varias técnicas, contribuyendo cada una a fortalecer el músculo observador de la conciencia. 


Estas prácticas me permitieron la introspección desde un lugar gentil de amor, dejando gradualmente a un lado malos hábitos que tenía arraigados desde la infancia, como el de la autocrítica alimentada por el miedo.


Responsabilidad sobre la mente 

La autorreflexión iluminó otra difícil realidad—mi mente dominaba mi experiencia humana. En modo piloto automático, me bombardeaba con películas mentales de mí pasado y especulaciones sobre el futuro. Imágenes innecesarias con las que no necesitaba involucrarme, y mucho menos obsesionarme.


Afortunadamente, aprendí a identificar el momento exacto en que los pensamientos intrusivos buscaban secuestrar mi mente, y que anticipar el futuro o escarbar en el pasado sin mi consentimiento me causaba ansiedad. Leí un libro llamado “Your mind is your home” e implementé lo aprendido, cerrar ventanas mentales que abarrotan la mente. Como si se tratara del navegador en mi computadora o correos electrónicos no deseados, practiqué, hasta volverse un hábito, el acto de minimizar, bloquear o eliminar construcciones negativas que intentaban invadir mi espacio mental.


También aprendí a identificar mis pensamientos ansiosos y rescatarme de ellos implementando técnicas de respiración. Me volví hábil en reconocer cuándo mis ensoñaciones desencadenaban ansiedad, lo que me permitía detenerme en medio de ellas y decirme: “Oye, no te entretengas con esos pensamientos ahora; no te están sirviendo. Regresa al presente. Respira en uno, dos, tres, cuatro y exhala en uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Vuelve a la realidad; siente la brisa delicada y fría de la noche primaveral en San Francisco. Quédate aquí, sé presente en tu vida”.


Enfrentar los defectos 

En la búsqueda de comprender mis emociones, me encontré con un gráfico llamado “La rueda de las emociones”. Este destaca las distintas emociones y sentimientos que experimentamos los seres humanos. Imprimí el gráfico y armada de un marcador rosado, me dispuse a descubrir cuáles eran los sentimientos con los que me identificaba y sobre cuál de las principales emociones de miedo, enojo, asco, sorpresa, felicidad, tristeza cabían. 


Inicialmente, me enfoqué en el miedo y sus sentimientos asociados. Del miedo pasé a leer sobre la tristeza y el asco, y marqué diversas emociones con las que me identificaba. La próxima emoción era el enojo, y cuando levanté el lápiz me di cuenta de que había marcado los quince sentimientos relacionados con este. Me sorprendí al ver que el miedo no era mi enemigo real; era el enojo el que estaba en el centro de mis luchas internas y recordé que el primer momento triste que experimenté fue, de hecho, la primera vez que sentí enojo.


Antes de mi autoexploración creía erróneamente que era una persona tranquila. Pero, la verdad era otra y ahora que la sabia tenía que enfrentarla, encarar este defecto mirándome profundamente y reconociendo lo que habitaba oculto en mí durante demasiado tiempo. 


Desde entonces he estado comprometida en expresar el enojo de manera saludable y en establecer límites que respeten mi espacio, convirtiendo este proceso en una parte esencial de mi jornada diaria de acción consciente para el crecimiento personal.


Acciones concretas   

Mi camino ha sido multifacético, abrazando una miríada de experiencias. He transitado hacia los roles de estudiante, esposa, madre, escritora y hasta residente permanente en un nuevo país; todo ello mientras incursionaba en el mundo de la tecnología, la literatura, la metafísica, la sicología y la espiritualidad. Durante este período, me sumergí en mi autoexploración, emprendiendo una búsqueda para sanar viejas heridas y expandir mi conciencia. 


En el camino, busqué ayuda y encontré personas que dejaron marcas indelebles en mí, como Keith Willcock, gurú espiritual quien emplea el uso de mandalas y la terapia somática como guías para sanar la mente. Otro personaje en mi vida fue el director de arte Roland Young, mi mentor en la universidad, quien desempeñó un papel fundamental en el uso de mis talentos artísticos. También confronté a mis padres a causa de secretos guardados durante mucho tiempo. Experimente el dolor profundo que causa la adicción de un ser querido, y viví de cerca los embates del cáncer de mi madre. A la vez, presté mi voz a la agitación civil nicaragüense de 2018, canalizando mis frustraciones en poemas dedicados a mi país. Enfrentar activamente cada uno de estos acontecimientos contribuyó a mi autodescubrimiento y transformación.


Un poema a la conciencia y la acción 

Hay una mujer dentro de mí, desesperada por salir. Está abriéndose paso a través de mi piel, desgarrando músculos y moviendo huesos. Está tratando de liberarse y ser ella misma. Está incómoda en el pequeño espacio que la contiene, acomodándose; apenas puede respirar. Quiero soltarla, la necesito a mi lado. He buscado ayuda, reunido conocimiento, leído libros y visitado terapeutas. Acepto donde estoy, en trabajo de parto después de una gestación que duró una década. Tal como los bebés tardan nueve meses en desarrollarse en un ser humano completo, esta mujer dentro de mí está al final de su gestación, y ahora estoy respirando y meditando, empujando y descansando. 

 

No te pierdas las otras dos partes de esta serie: El viaje del Autodescubrimiento y De la conciencia a la acción.




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